domingo, 28 de mayo de 2017

LA LEYENDA DE LA "CASA DE LOS LAMAS" DEL VALLE DE ELQUI

Coordenadas:  30°10'29.36"S 70°29'12.04"W
Ya dije algo de este tema hace poco más de un año, cuando traté acá mismo la leyenda de los monjes lamas que habrían llegado a resguardar tesoros y archivos en el Valle de Elqui, después de la invasión al Tíbet. Como en toda tradición, sin embargo, hay cierta ambigüedad en la información oral que existe, pero algo interesante he podido reunir para identificar la supuesta casa donde habría alojado esta delegación de misioneros tibetanos, cuya leyenda forma parte ya de la abultada fama mística de este valle al interior de La Serena.
Sintetizando el contenido la leyenda de los lamas del Valle de Elqui, a fines de los años 50 llegó hasta Coquimbo un grupo de supuestos 30 ó 40 budistas himalayos, coincidiendo con el aplastamiento de la rebelión tibetana y la huida del XIV Dalai Lama, Tenzin Gyatso. Como era esperable, su estadía causó gran atención y concitó el interés de los residentes del valle, gente de campo quitada de bulla y no acostumbrada a los sobresaltos.
Los enviados traían secretamente riquezas, joyas y valiosos textos a tradicional y ancestral resguardo de los monjes en el Lhasa, pero que desde la invasión del Tíbet por parte de las fuerzas rojas chinas se encontraban en serio peligro. Es la sombría época para el lamaísmo que testimoniara con detalles el ex soldado SS y montañista austriaco Heinrich Harrer, en su famoso libro "Siete años en el Tíbet", que después fue llevado exitosamente al cine. Urgía un lugar seguro donde depositar todos estos tesoros de la ciudadela de Potala, entonces, amenazados por la infame Revolución Cultural.
Ahora  bien, el porqué escogieron este lugar de Sudamérica tan distante al suyo para culminar tal rescate cultural y patrimonial, es algo que se explica por el pretendido vínculo geográfico-geomántico de los 30° Norte del Tíbet contra los 30° Sur del Elqui, con el traslado del "eje espiritual del mundo" desde el primero al segundo. Era un concepto conocido en aquel momento, por lo demás, pues una de las primeras organizaciones místicas del valle, llamada la "Hermandad del Pacífico", ya lo venía predicando desde su fundación en los años 20. Según el discutible libro de Malú Sierra, "Elqui. El cielo está más cerca", además, ya en 1947, los lamas habían enviado el siguiente mensaje: "Chile, jardín de flores, al final de la Tierra, entre los Andes y el Pacífico, serás la cuna del Niño del Perdón".
El asunto es que, durante este viaje, los monjes habrían arrendado una casa del Valle de Elqui, cerca de Cochiguaz, Pisco Elqui u Horcón, usándola como su cuartel y bodega durante toda la misión. Desparecieron después, dejándola habitada sólo por recuerdos y fantasmas, se supone. El lugar ha sido olvidado por muchos y da la impresión de que no todos recuerdan ya cuál fue, pero parece que hemos dado con el más "posible" para la creencia.
Resulta pues que, al contrario de lo que algunas versiones dispersas señalan, la alguna vez famosa "casa de los lamas" aún existe y no ha sido demolida: está a un lado de la Ruta D-485, altura del 27020, a poco menos de un kilómetro de la localidad de Horcón, en el sector Ladera Chica, frente al Fundo "Las Placetas". De aspecto neocolonial y rústico, corresponde a una vivienda con alero, balcones posteriores y porche de ingreso, de adobe, concreto, tejas y piso tablado, aunque interiormente muy modificada por sucesivas remodelaciones que han dejado diferencias palpables respecto del que debió ser su aspecto original.
Por algún tiempo y hasta hace poco, la residencia fue un taller de arte y, curiosamente, mantiene mucha decoración orientalista en su fachada e interior, incluyendo una gran símbolo dhármico Om pintado afuera. En aquellos años en que supuestamente se dio la visita, era conocida como la "casa del sastre" por el oficio de una persona que había residido allí hasta hacía poco y que participó también de esta historia.
Mi principal informante de este caso es Luz Cruz Ríos, quien ha vivido en dos períodos de su vida en esta misma casa, coincidentemente: entre 1994 y 1996, y luego a partir 2015. Luz es conocida en este sector: una encantadora y hospitalaria mujer con su propio taller místico y artesanal en Pisco Elqui, cerca de la plaza. Administra también un acogedor hostal situado a pocos metros de la residencia que nos interesa. Su vínculo con ella ha sido desde siempre, entonces.
De acuerdo a la principal versión que conocemos de la leyenda, el circunstancial intermediario entre los lugareños y los lamas recién llegados, habría sido un vendedor de frutos secos de apellido Rivera, elegido por ellos siguiendo alguna sugerencia o recomendación. Tal cual sucede con otros personajes en muchas zonas rurales del país, él se desempeñaba como una suerte de encargado general de tareas en la comunidad local, realizando trámites, trabajos ocasiones y "pololitos" para los residentes.
A petición de los huéspedes, entonces, Rivera habría realizado un llamado para reunir entre sus vecinos unas 10 a 15 mulas que sirvieran a la caravana que preparaban los lamas. La noticia de que se necesitaban los animales corrió por el valle y con ello también la intuición de que algo valioso tenían que lleva. Se decía ya entonces pagaban muy generosamente los favores (con gemas inclusive, según la misma leyenda). El asunto es que, a los pocos días, llegaron cerca de 100 mulas y burros hasta la casa, traídas por diferentes vecinos entusiasmados con participar de los beneficios de la expedición.
Los extranjeros seleccionaron cerca de una decena de estos animales y los cargaron con misteriosos bultos y alforjas, perdiéndose hacia algún desconocido lugar cordillerano en un viaje que duró varios días. Nadie se animó a seguir a los lamas por las rutas escarpadas y dificultosas que tomaron, según parece hacia el interior de la hoya del río Cochiguaz, mismo que algunos mercachifles de la espiritualidad en oferta se han empeñado en tratar de rebautizar como "río Mágico", en nuestros días.
De acuerdo a la versión que nos aporta Luz, buena conocedora de ésta y otras leyendas del valle -además de haber conocido en persona al señor Rivera-, cuando los lamas regresaron de su extraño viaje, para sorpresa mayúscula de todos testigos, los viajeros devolvieron las mulas y burros con sus alforjas llenas de riqueza y dinero pagando el favor, supuesto episodio de la historia elquina que aún es recordado entre algunos residentes de la provincia. Uno de los beneficiados fue un señor de nombre Raúl, a la sazón dueño de un predio del sector donde cosechaba damascos y quien habría obtenido una gran suma de dinero por haber facilitado sus propios animales, adquiriendo con él otros terrenos más altos de la zona.
El revuelo causado por esta experiencia, desató una ola de tentaciones sobre la casa y una secuencia progresiva de más leyendas asociadas al asunto de los lamas del Elqui. Incluso se ha hablado de supuestos monasterios secretos construidos entre las montañas al interior del valle, o de la fugaz aparición de esquivos lamas en tiempos actuales, cerca de Cochiguaz y de Alcoguaz, vistos por arrieros y cuidadores de rebaños.
La idea de que la casa aún mantenía tesoros escondidos, además, provocó reacciones inesperadas entre algunos habitantes de la zona. Ésta estaba entonces en un sector del valle que los locales conocían por esos años como La Laguna, debido a que existía una lagunilla de aguas derivadas del río Claro o Derecho hacia estos terrenos situados exactamente al lado del lecho. Su fama atrajo algunos buscadores de tesoros, según parece, y se cuenta que la residencia fue truequeada después entre dos dueños, por una transacción que hoy parecería irrisoria: 10 a 15 burros, pues se creía que los lamas volverían a requerir de ellos y los devolverían cargados otra vez de riquezas en sus alforjas, cosa que nunca sucedió. Jamás regresaron, para ser claros.
Por muchos años, la residencia fue parte de la propiedad de un hacendado del lugar, en cuyos terrenos se encontraba la mencionada laguna. Este señor no explotaba comercialmente su hacienda, por alguna razón, pero llegó a recibir en ella importantes visitas de autoridades nacionales y extranjeras. Con el advenimiento de la Reforma Agraria y la mala evaluación del uso de aquella tierra, el fundo fue desmembrado y vendido, mientras que el ya envejecido propietario acabó sus días viviendo en esta residencia, que sobrevivió como único vestigio de la antigua hacienda, donde moriría prácticamente solo.
En aquella época, el camino hacia el interior del valle corría por abajo, cerca del lecho del río y cerca del actual patio de la propiedad, antes de construirse la carretera que hoy pasa justo frente a la fechada de la misma y que dividió en su momento el terreno en dos, dejando parte de sus huertos, baños y dependencias menores cruzando la calle, curiosamente.
Luz recuerda otra experiencia inquietante pero muy propia de las típicas que se escuchan por el valle, en aquel período en que fuera dividido su terreno: un día de aquellos en que cruzó hacia la parte de enfrente de la casa cuando la habitaba, para ocupar las dependencias higiénicas, vio una muchacha vecina acercándose a su casa, a pedir un favorcillo doméstico, justo mientras ella subía. Cuando regresó, los presentes se extrañaron por la cantidad de rato que había tardado y le preguntaron por su retraso. Ella respondió no haber hecho nada anormal, que había demorado sólo minutos y hasta comentó haber visto a la niña llamando a la casa. Esto -se enteró de inmediato- habría sucedido hacía una hora ya... No es la primera vez que escucho historias de fluctuaciones de espacio-tiempo dentro de este territorio, pues forman parte del folklore local.
Hoy, mirando el interior de la casa, pueden verse claras intervenciones humanas en sus estructuras, que le han provocado incluso problemas de estabilidad. Realmente es sospechosa la obsesión que uno o más dueños pudieron haber tenido en buscar "algo" dentro de la propiedad. Tuve tiempo de observarla con gran detención y cuidado, y no deja de ser intrigante lo que allí puede verse.
Nuevamente es Luz la que nos aporta información importante: en una ocasión, durante su primera residencia en la casa, descubrió una pequeña ranura por la que se perdió una moneda que se le cayó rodando al piso, desapareciendo así por debajo de la casa. Claramente había una cavidad en ese sector, hacia el frente actual de la misma, en el fondo del primer nivel que queda bajo la calle actual, por la disposición de la pendiente en la ladera en este tramo del camino. Ella nunca se ocupó de investigar qué habría en esa cámara, aunque conocía el rumor local de que, en su momento, la supuesta delegación tibetana había ocultado provisoriamente sus tesoros en algún lugar del inmueble mientras esperaba para trasladarlo, o que incluso habría dejado parte del mismo allí, ante la urgencia por regresar pronto a reunirse con el Dalai Lama en el exilio.
La extraña gruta abierta al interior del inmueble.
Sector lateral (Sur), donde se abrió un vano hacia un sector que se suponía vacío.
Vista lateral (Norte) con postes de madera para reponer suspensión del muro retirado.
Posteriormente, cuando regresó a ella cerca de diez años después y por un asombrosa coincidencia que no me corresponde abordar acá, se encontró con la sorpresa de que alguien había destruido el grueso murallón que cerraba el acceso al mismo, atrás del primer nivel y por lo que sería el subterráneo de la misma casa, colocándose dos enormes troncos y otros postes para soportar la carga estructural de la removida muralla y abriéndole un pequeño vano lateral para iluminar el oscuro y estrecho pasadizo.
Observando la extraña gruta, cabe la posibilidad de que se haya socavado por debilitamiento del suelo o que filtraciones de aguas lluvias lo hayan erosionado. Sin embargo, además de ciertas características que demuestran una intervención humana directa en este terreno, de acuerdo a lo que la residente supo por sus propios vecinos, alguien adquirió la propiedad en aquel período convencido de que un imaginario tesoro aún estaba en el subsuelo, y por eso destruyó parte de la misma, abriendo la cámara actualmente desnuda, para luego desocupar la casa frustrado al no poder hallar algo, dejando los imprudentes trabajos como vestigio de su paso por ella.
Por supuesto, hago este relato desde el punto de vista de la leyenda de los elquinos, no desde hechos demostrables ni verificados.
La última vez que estuve en esta residencia, con mi amigo de viajes y correrías Cristián Meneses, la encontramos deshabitada y un tanto triste, luego de terminada su época como taller de artesanía. Claramente se advierten en ella tanto las intervenciones que fueron remodelando la casa, como ese extraño socavón interior, tras el desaparecido muro.
No sabemos a ciencia cierta si esta casa guarda algún secreto sobre su supuesta historia y si, efectivamente, fue la residencia provisoria de lamas llegados al Valle de Elqui a fines de los 50. Sin embargo, su legendario misterio no deja de ser uno de los más interesantes del valle.

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